Mi vida está llena de esas cosas.
Es la sensación que viene cuando estás viendo una película de terror y el protagonista, frente a frente con el asesino psicópata/fantasma/demonio/monstruo, teniendo la oportunidad de escapar, se queda con cara de idiota o decide enfrentarlo. Lo peor es que aunque se haga el valiente va a salir muerto.
En esos momentos la gente se queda pensando “¡Corre desgraciado, corre, no seas pendejo!” y aunque quieres que eso pase, es obvio que no va a pasar.
¿Ya entienden el punto?
Hace poco un amigo y yo estábamos aquí, en mi casa, haciendo un trabajo y estaba por ocurrir algo, pero no pasó. Y todo fue culpa de que mi madre no llegó cinco minutos después. Desde entonces cuando lo recuerdo miro mal a mi madre por haber interrumpido uno de los momentos más sakdjaksjd de mi vida.
Sí, escribí sakdjaksjd.
Y luego, cuando mi amigo se fue, corrí a mi cuarto, enterré la cabeza en la almohada, abracé a mi perro de peluche y me dije “Andrea, eres una idiota y tu madre es una inoportuna”.
Ese fue un claro ejemplo de algo que quise que pasara y evidentemente no pasó. Trauma.
Y bueno. Luego de que algo así pasa, no me queda nada más que echarle la culpa al karma. Y por todos los cielos, sé que a todos les ha pasado algo así.
Saliendo del tema, lamento la ausencia y la entrada corta. Prometo que habrá más con más frecuencia, aunque no sean muchos los que leen esto. Fin.
Soy una cursi.