domingo, 22 de abril de 2012

Da-da. Recopilación.

-Ir a comer alfalfa.


-Golpear en la cara con una silla de metal al rojo vivo.


-Miers.


-Amors.


-Amodorar.


-Aviones.


-Unicornio con tutú.


-Patos morados que son ácidos y no bases.


-Yep.


-¡Ush!


-¡Argh!


-Ains.


-¡RIDÍCULA!


Y si me conoces, me habrás escuchado alguna de esas frases/palabras/expresiones.

Drama Queen.


Sinceramente, soy la persona más dramática que conozco. No necesariamente porque llegue un día y salga contándole a todo el mundo la razón de mis dramas, montando teatros o en fin, mostrándome así de dramática con cualquiera. Esa faceta de mi está reservada para gente muy cercana en noches de confesiones.

Me considero dramática más bien por formar dramas internos con causas que para muchos son increíblemente insignificantes, y para mí eso está bien. Mientras no sea dramática con quien sea, nadie tiene derecho a reclamarme. Nadie está dentro de mí ni pueden notar mis desesperaciones así como así, tienen que conocerme muy bien para que confiese.

Mis dramas no son fáciles de liberar. O hago se me olviden o los cuento o que alguien me empuje de un puente.

Muero lento. Drama.

Quiero no pensar en las cosas que me ponen dramática y me sacan la típica adolescente emocional que llevo dentro, de verdad, pero hay momentos en que la muy desgraciada sale en contra de mi voluntad. Llevo tiempo tratando de no pensar en ninguna de esas cosas, pero ya qué, soy una dramática nata y no puedo huirle a mi naturaleza y genes.

… Creo. Ya estoy inventando mucho.

Por otro lado, creo que toda chica tiene dentro a una estúpida adolescente dramática y ridícula que la domina de vez en cuando y hace que explote, pues a quien me diga que nunca se ha sentido horrible y ha querido comer helado una tarde completa olvidándose del mundo, le pego con una silla de metal al rojo vivo.

¿El mejor remedio para esas sensaciones?

Hay varios: Ver videos en youtube. Comer helado. Leer. Hacer yoga. Hablar con un amigo/a. Estudiar. Limpiar. Salir al cine. Llorar dependiendo del drama. Hacer una pijamada. Cantar a todo pulmón. Darse un día para una misma. Hacer origami. Tratar de no pensar en el drama. Ver televisión. Hablar por teléfono. Ir a casa de un amigo/a. Cocinar. Escribir todo en una hoja de papel con letra ilegible, arrugarlo y romperlo en pedacitos minúsculos. Dormir. No sufrir y comenzar una vida zen.

Pero no me hagan mucho caso, seguro no son así se dramáticos. Tal vez deberían ponerse a hacer otra cosa cuando esos pensamientos llegan a sus cabezas, o tratar de cortarlo de raíz. Yo no tengo tantos ovarios como para hacer eso.

Miers.


No sé dónde escuché ese intento de palabra. Sólo sé que un día me dio por ponerle una “s” al final de la mitad de la palabra para no tener que decir mierda, porque soy una niña buena y eso suena feo.

Bueno, en realidad no. Es una palabra que se supone que puedo decir frente a mis padres o algo así. Si hay algo que me da mucha pena y así decir frente a mi familia, son las groserías. No soy la muchacha con vocabulario más limpio que puedan conocer, pues digo unas cuantas de vez en cuando, pero utilizo boberías como “Miers” para tratar de apaciguarlo. Creo.

Por alguna razón de un momento al otro me puse a desvariar. Debe ser porque dejé iTunes en aleatorio y me pasó de You Make Me Feel (Cobra Starship) a Everytime (Britney Spears). Qué-diablos.

El punto es que la “s” al final no sirve para todas las palabras, sino solamente para miers. No creo que “Coño” suene bien si trato de decir “Coñs”, ¿o sí?

La respuesta es un rotundo no.

Verga tampoco. Vers. Suena a “ver” con una s. ¿Y versh?. Suena mejors. S s s s s.

También la uso para “amor”. Ustedes saben, amors en lugar de amor.

Lo gracioso es que le he medio pegado esta maña a mi tribu. Soy un amors.

Y esta fue, oficialmente, la entrada más fumada que he puesto en este blog. Ojalá no se vuelva frecuente parecer fumada sin haberme fumado nada, pero creo que es el hecho de que tengo hambre. Mucha hambre. Adiós.

Grupo de Amigos/Grupo de Estudio.


Son dos cosas completamente distintas. Lo explicaré desde mi punto de vista y con la voz de la experiencia:
Cuando yo entré a la secundaria, hace casi tres años, pensaba que iba a ser una total maravilla. Que iba a conservar a mis amigos de primaria y que íbamos a ser el mejor grupo de trabajo de todo el colegio.

¡Ilusa yo!

Primero, los trabajos en grupo en secundaria comenzaron a ser muchísimo más frecuentes, los profesores no eran tan dulcitos como esperaba y mis amigos no rendían lo suficiente para lo que yo quería. No tenía las notas que quería ganar, y yo no llegaba a dar con el por qué. Simplemente les daba oportunidades una y otra y otra vez y a la final no conseguía resultados.

Obviamente, yo pensaba cosas tipo “Son mis amigos, no puedo ser tan rata y buscarme otras personas para lo referente a estudios”, y me parecía lo más normal del mundo. Así pasaron séptimo y parte de mi octavo año.

Pero luego, a finales de mi octavo curso, comencé a medio juntarme con otra gentecita más aplicadita en cuanto a trabajitos (¿?) con quienes sacaba mejores calificaciones. Entonces comencé a pensar “¿Y por qué no puedo tener un poquito de ambas cosas?”

El punto es que no fue hasta principios del noveno curso en el que me di cuenta de algo de lo que no me había dado cuenta en toda mi vida estudiantil: Tu grupo de estudios no tiene que ser el mismo que tu grupo de amigos, y tampoco tienen que juntarse.

De paso, no saben lo bien que me va aplicando eso. Tengo mi súper-tropa a quienes adoro, son mis amigos y todo, pero si hago trabajo con tres personas de ese enorme grupo de prácticamente doce, es mucho. Para eso tengo otro par de personas por fuera de la tribu que conforman mi mini-grupo de estudios, y no puedo estar más a gusto.

Inténtenlo. Lo normal es que sus amigos entiendan que no es lo mismo estar con ellos en una reunión normal que haciendo un trabajo que vale nota, así que si quieren que sus calificaciones suban primero dense cuenta de qué está fallando.

Saliendo del tema, lo más probable es que suba otra entrada ahora mismo. Que conste que, aunque no les interese, yo termino de escribir una entrada y la subo de una. ¡Hasta ahora!

lunes, 2 de abril de 2012

De-tes-to

La gente es rara. Es toda diferente y toda huele diferente, pero en realidad, no me molesta. Me gusta la gente.

Y eso de arriba sonó muy a soy de otro planeta y la gente es totalmente desconocida. Oh sí. En fin.

De todos modos, hay dos tipos de gente en específico que no me gustan, o que me sacan de mis casillas, y los voy a describir aquí:

Gusto emergente.
Bueno. Estos son aquellos a los que conoces bastante (o al menos eso crees, pero suele ser así), y te dan ganas de golpearte contra una puerta decorada con púas porque pasa algo así:

Pongamos que conoces a una tal Fulana. Sabes perfectamente que a Fulana le gustan las baladas románticas en español, que vive cantándolas y que jamás pero jamás ha escuchado otro tipo de música, y si lo ha escuchado, deja en claro que no le gusta. Y aunque no juzga otros tipos de música, estás segura de que no cambiaría sus gustos por nada.

Todo va bien, hasta que al día siguiente Fulana te comenta que conoció a un chico que adora el metal, se viste con botas, ropa oscura y tiene un corte de cabello extraño. El punto es que cuando Fulana está con ese chico y sus amigos, Fulana viste la misma ropa, utiliza el mismo vocabulario y hace como si tuviera exactamente los mismos gustos. Más tarde, cuando vuelve a estar con su grupo habitual, regresa a ser la misma Fulana de siempre: La niña dulce a la que le gustan las baladas románticas.

¿Cómo se explica eso?

Sencillo. Esta es la gente que tiene la costumbre de querer agradarle a las personas imitando sus gustos y maneras de ser. 

Quiero hacer todo mejor que tú.

Este tipo de gente es más bien así:

Ejemplo #1: Sultana sabe formular una oración en inglés, con pésima pronunciación, pero como se entiende, Sultana le hace entender a todos que es bilingüe y que habla el inglés con perfecta fluidez.

Ejemplo #2: Le mostraste a Mengana un unicornio de origami que hiciste, Mengana lo hace más o menos igual y aunque es lo único que sabe hacer más o menos, ella le dice a todo el mundo que es una maestra del origami.

Ejemplo #3: Perenceja probó las galletas de chocolate que hiciste, y te pidió la receta. Tú, como buena samaritana, se la diste dándole a saber que la receta es totalmente tuya y que has pensado en comercializarlas en tu colegio. Perenceja te anima y dice que seguro será un negocio espectacular. Al día siguiente, Perenceja lleva al colegio un tazón a reventar de galletas hechas con tu receta y las vende. Además, le miente a todo el mundo diciendo que fueron invención suya, con su receta, y que las hizo solita.

¿Verdad que dan rabia? Yo siento que me sale un tic en el ojo cada vez que encuentro a alguien así. Es como para golpearlos en la cara con una silla de metal al rojo vivo, ¿no les parece?

En fin. Este fue un post más bien de desahogo, pero sé que no soy la única que detesta a la gente así. Entiéndanme.