La gente es rara. Es toda diferente y toda huele diferente, pero en realidad, no me molesta. Me gusta la gente.
Y eso de arriba sonó muy a soy de otro planeta y la gente es totalmente desconocida. Oh sí. En fin.
De todos modos, hay dos tipos de gente en específico que no me gustan, o que me sacan de mis casillas, y los voy a describir aquí:
Gusto emergente.
Bueno. Estos son aquellos a los que conoces bastante (o al menos eso crees, pero suele ser así), y te dan ganas de golpearte contra una puerta decorada con púas porque pasa algo así:
Pongamos que conoces a una tal Fulana. Sabes perfectamente que a Fulana le gustan las baladas románticas en español, que vive cantándolas y que jamás pero jamás ha escuchado otro tipo de música, y si lo ha escuchado, deja en claro que no le gusta. Y aunque no juzga otros tipos de música, estás segura de que no cambiaría sus gustos por nada.
Todo va bien, hasta que al día siguiente Fulana te comenta que conoció a un chico que adora el metal, se viste con botas, ropa oscura y tiene un corte de cabello extraño. El punto es que cuando Fulana está con ese chico y sus amigos, Fulana viste la misma ropa, utiliza el mismo vocabulario y hace como si tuviera exactamente los mismos gustos. Más tarde, cuando vuelve a estar con su grupo habitual, regresa a ser la misma Fulana de siempre: La niña dulce a la que le gustan las baladas románticas.
¿Cómo se explica eso?
Sencillo. Esta es la gente que tiene la costumbre de querer agradarle a las personas imitando sus gustos y maneras de ser.
Quiero hacer todo mejor que tú.
Este tipo de gente es más bien así:
Ejemplo #1: Sultana sabe formular una oración en inglés, con pésima pronunciación, pero como se entiende, Sultana le hace entender a todos que es bilingüe y que habla el inglés con perfecta fluidez.
Ejemplo #2: Le mostraste a Mengana un unicornio de origami que hiciste, Mengana lo hace más o menos igual y aunque es lo único que sabe hacer más o menos, ella le dice a todo el mundo que es una maestra del origami.
Ejemplo #3: Perenceja probó las galletas de chocolate que hiciste, y te pidió la receta. Tú, como buena samaritana, se la diste dándole a saber que la receta es totalmente tuya y que has pensado en comercializarlas en tu colegio. Perenceja te anima y dice que seguro será un negocio espectacular. Al día siguiente, Perenceja lleva al colegio un tazón a reventar de galletas hechas con tu receta y las vende. Además, le miente a todo el mundo diciendo que fueron invención suya, con su receta, y que las hizo solita.
¿Verdad que dan rabia? Yo siento que me sale un tic en el ojo cada vez que encuentro a alguien así. Es como para golpearlos en la cara con una silla de metal al rojo vivo, ¿no les parece?
En fin. Este fue un post más bien de desahogo, pero sé que no soy la única que detesta a la gente así. Entiéndanme.
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