sábado, 28 de julio de 2012

Repartiendo Arañazos


Lo que fueron el 2009 y el 2010 entran como mis años de transformación. Y es lo típico: Fueron los años en los que pasé a bachillerato. Ya no era una mocosa (o al menos yo no me creía una, pero de todos modos creo que inclusive sigo siéndolo), tenía unas pocas razones más para enseriarme y bueno, la pubertad llegó a mí. Con la pubertad no sólo le di a regañadientes la bienvenida a las espinillas, las hormonas y los cambios, sino a muchos pensamientos nuevos que entraron a mi cabeza.

Uno de ellos fue lo que yo llamo pseudo-feminismo. Pero alto, que esté hablando así del feminismo no quiere decir que a estas alturas no sea feminista, porque lo soy. Sólo que tenía un concepto obsesivo acerca de lo que es ser niña/mujer/adolescente-con-dos-cromosomas-X.

Básicamente me caía mal cada ser que caminara sobre la tierra con tres cositas colgando entre las piernas. Vale destacar que ahora es prácticamente lo contrario (los varones son lo mejors), pero así era yo.

Y lo peor, era del tipo agresiva. Era como que me-miras-te-muerdo, y la cosa iba en serio. Un par de mis compañeros de clases tienen cicatrices de lo que les hice con mis uñitas de gatubela. Yo en serio pensaba que tenía razones para ello. Con decirles que no me caía para nada bien ninguno de los muchachos que ahora son mis amigos y que, en especial, odiaba con toda mi mente a el que actualmente es mi mejor amigo. Irónico, ¿eh?

No me quemen en una hoguera.

Lo gracioso es que ahora pienso en cómo era y si no me golpeo contra la pared o me doy tal facepalm que me atravieso el cráneo, es porque confío en que arrepentirse del pasado no lo va a cambiar. Además, quién sabe, sin ese episodio en mi vida probablemente no sería quien soy ahora. Y me gusta quien soy ahora. Por lo menos ya se esfumó gran parte de mi reputación como Caztraitor (mi amigo LD me colocó el nombre como si se tratara de una supervillana castradora con tales garras que harían que Freddy Krueger se sintiera orgulloso).

Y bueno, esa fue una de mis confesiones que no cuenta tanto como confesión porque casi todo el que me conoce lo sabe, jé. 

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