sábado, 28 de julio de 2012

Sobrenombres


Oh-santa-cachucha-hablaré-de-sobrenombres.

Tal vez no soy la persona más correcta para hablar de sobrenombres, pues no tengo muchos. Me alcanza una sola mano para contarlos, creo. Por cierto, tengo un amigo al que le contaron más de treinta sobrenombres y la lista aumenta.

Hay varios tipos de sobrenombres, para mí (que raro, yo dividiendo todo en tipos). O más bien varios tipos de gente con varios tipos de sobrenombres.

Están que si las personas que tienen un solo sobrenombre y que todo el mundo las conoce así. Por dar ejemplos, conocí a una María de Jesús a la que le decíamos Assu  y tengo un amigo llamado Andrés con una sonrisa de comisuras muy altas al que le decimos Guasón/Guasi. Y así era (es) el poder de sus sobrenombres que hasta los profesores optan por llamarlos así.

También están los que son más ortográficos, con diminutivos, juegos de palabras y siglas. Una Katherine que es una Kathe, una Victoria que es una Vicky, un Luis Diego que es LD. Y pronunciado Ele De, señores.

Ah, y están los que se utilizan cuando hablas en clave. En mi caso y el de mis amigas lunáticas, hay reyes, aviones, y galletas oreo de tipo americano. Y correcto, todos los anteriores se refieren a personas.

Yo soy la clara muestra del fracaso de los sobrenombres. Primero, Andrea no es un nombre con muchos diminutivos que se diga, y quien trata de colocarme uno pierde la costumbre en menos de una semana. Mis primitos me llamaron Ane (Andre pronunciado por niños de cinco años para abajo) hasta que lograron pronunciar la d y la r juntas. Tuve una prima que trató de bautizarme como Andru, pero de nuevo, fail. Mis familiares y uno que otro amigo son los que de vez en cuando me dicen Andre. Ahora, yéndonos a los sobrenombres característicos, creo que destacan tumba-cocos (en sexto grado era la más alta de mi salón, entre niñas y niños) y negra. El “negra” todavía se utiliza, sí. Oh, y por un breve período de tiempo me llamaron Caztraitor. No duró mucho.

Funny fact, cuando era pequeña yo anhelaba un sobrenombre de verdad. Ahora no hay algo que me tenga con menos cuidado.

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