sábado, 17 de noviembre de 2012

Hueles Rico


Adoro el perfume. O más que el perfume en sí, adoro cuando la gente huele a perfume o simplemente huele bien. A perfume, splash, desodorante, jabón, shampoo, lo que sea. Me gusta drogarme con el olor de la gente y si hueles bien, no dudes que te lo voy a decir.

Para mí eso es importante, el que la gente huela bien. Sea hombre, sea mujer, cualquier vaina. De hecho no sé cómo es que estoy acostumbrada al suculento aroma a orangután que dejan mis compañeros varones en el salón cuando regresan al salón de clases luego de Educación Física. De paso, a los antojosos les da por abrazar a una y usarla de servilleta.

Prefiero que me abracen cuando huelen a perfume, allí sí es chévere. Por dar un ejemplo, mi amigo LD utiliza One Million. Pregúntenle cuántas veces al día lo abrazo. Me encanta cómo huele el One Million.

Los perfumes de hombre son droga, en serio. Cuando estoy en algún sitio y me pasa al lado un chico que huele bien, es inevitable voltear y pensar “Hola vale”.

Y bueno, que a mí me guste oler bien es más bien por amor propio, aunque tengo compañeros que me reclaman cuando no utilizo perfume porque no se pueden drogar.  Tal vez también es heredado, mi madre es de esas mujeres que prefiere estar despeinada o sin maquillaje antes que sin perfume.

En fin. Cuando hueles bien, atraes. Lo que sea, pero atraes. Al menos para mí, los perfumes son drogas magnéticas que me harán querer abrazarte si me gusta. Fin.

Hombres, aprendan a oler bien todo el tiempo. Es importante.

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