Adoro
el perfume. O más que el perfume en sí, adoro cuando la gente huele a perfume o
simplemente huele bien. A perfume, splash, desodorante, jabón, shampoo, lo que
sea. Me gusta drogarme con el olor de la gente y si hueles bien, no dudes que
te lo voy a decir.
Para
mí eso es importante, el que la gente huela bien. Sea hombre, sea mujer,
cualquier vaina. De hecho no sé cómo es que estoy acostumbrada al suculento
aroma a orangután que dejan mis compañeros varones en el salón cuando regresan
al salón de clases luego de Educación Física. De paso, a los antojosos les da
por abrazar a una y usarla de servilleta.
Prefiero
que me abracen cuando huelen a perfume, allí sí es chévere. Por dar un ejemplo,
mi amigo LD utiliza One Million. Pregúntenle cuántas veces al día lo abrazo. Me
encanta cómo huele el One Million.
Los
perfumes de hombre son droga, en serio. Cuando estoy en algún sitio y me pasa
al lado un chico que huele bien, es inevitable voltear y pensar “Hola vale”.
Y
bueno, que a mí me guste oler bien es más bien por amor propio, aunque tengo
compañeros que me reclaman cuando no utilizo perfume porque no se pueden
drogar. Tal vez también es heredado, mi
madre es de esas mujeres que prefiere estar despeinada o sin maquillaje antes
que sin perfume.
En
fin. Cuando hueles bien, atraes. Lo que sea, pero atraes. Al menos para mí, los
perfumes son drogas magnéticas que me harán querer abrazarte si me gusta. Fin.
Hombres,
aprendan a oler bien todo el tiempo. Es importante.
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