lunes, 10 de diciembre de 2012

Cosas de niñas.

Un fenómeno muy extraño en la porción con dos cromosomas X de mi salón de clases se da cuando todas hablamos. O pongamos que no todas, más o menos la mitad.

Para explicarlo mejor, hay veces en que a una especie de lazo femenino le da por unirnos aunque no nos llevemos realmente bien. Esto normalmente pasa en las clases que vemos separados niñas de varones (laboratorio de biología y e.f). Como somos todas niñas, lo más normal es que cuando hablamos salgan temas de niñas, que van desde lo horrible que son los dolores menstruales hasta el tema más popular a esta edad: Novios.

Novios, enamorados, culitos, cuadres, el que te está cayendo pero no le paras, al que le caes pero no te para, amigos con derechos, el típico hay todo pero no hay nada. Hay infinidad.

Lo gracioso del caso es que la mayor parte de mis compañeras tiene para relatar al menos un caso de novios, y yo sólo puedo contar mis romances fallidos de primaria. Y no, en realidad no es tan triste como suena (sobre todo porque no soy la única). Entonces suele darme risa, porque siempre existe la compañera que ha tenido más de cinco novios y no llega a los 16 años. Arrasannnnndo.

Les contaré mis romances fallidos.

Primero, cuando estaba en preescolar (4-5 años) me gustaba el hermano mayor de una de mis amiguitas. No era de extrañar: Era el único niño rubio de ojos verdes que conocía. Funny Fact: Todavía estudia en el colegio. Luego, cuando pasé a segundo grado (7 años) me gustó un compañero llamado Jorge. Me acuerdo que un día me dio por ponerme romántica, agarré un marcador rosado y escribí en mi pared Jorge y Andrea encerrado en un corazón. Tan empalagosa yo. Él me gustó como hasta 4to grado. Recuerdo que se fue de la ciudad, pero no me dolió ni un poquito. Descubrí que en realidad no me gustaba tanto.
Luego estuvo otro compañero llamado Néstor. El me gustó más o menos en 5to grado (10 años). También se fue del colegio, pero tampoco sufrí. Después de él me gustó otro niño llamado Álvaro, eso ya cuando tenía once años.

En 7mo grado no recuerdo que me haya gustado nadie en realidad, probablemente mi cabeza estaba en otras cosas y mi etapa de enamorada hormonada con patas había pasado, pero en 8vo me gustó Jorge (sí, el mismo Jorge del otro párrafo que todavía estudia conmigo). Y también hay otro asunto que no voy a contar ahora.

En realidad no me da pena admitir que me gustaron todos esos niños: Era una niña. En niñas es normal que pasen estas cosas, así que no sé cuál es el drama de otras muchachas en admitir quién le gustó. Ahora, cuando se habla de presente y no de pasado es distinto, allí es más complicado admitir cosas.

Una cosa que aprecio mucho entre nosotras las portadoras de dos cromosomas X es que cuando llega el momento de hablar de cosas de niñas así sea todo un simple drama sin sentido, todas nos volvemos amigas. Y me refiero a amigas amigas, cuando de verdad las sientes como tal porque te aconsejan y te ayudan como lo haría una amiga de verdad. Entonces sentirse comprendida pasa a ser algo muy simple, aunque sea con quien menos pensaste.

Por eso, yo estoy a favor de hablar cosas de niñas aunque sea con chicas que no te caen bien. Se convierte en algo productivo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario