“Tal y como la espuma de las olas se desvanece en la arena,
los gustos cambian y el sabor de la pasta dental desaparece con la primera
comida (o la primera secuencia de ahogos por no querer decir nada aunque haya
que decir mucho), mayo gusta de descansar entre laureles cuando se ubica en la
temporada más pesada del año. El problema no es ese, el problema es que con un
alma como una esfera dentro de una jaula que tiene los barrotes demasiado
juntos descansar con mayo se vuelve parte de la odisea llamada La Vie que
cuenta con descansos justos, necesarios y que a la final (como todo hábito que
está habituado a ser habitual) tiende a cansar. Todo se vuelve algo cíclico y a
la vez tortuosamente lineal que afecta la visión de lo enérgico mientras mayo,
que descansa sobre laureles, le cede a junio una batuta que con cada año se
desmorona un poco más y tachar el calendario se vuelve lo más deseado el día
aunque no haya ningún calendario que tachar. Dormir es dormir, abrir la puerta
es abrir la puerta y comenzar un día es esperar que termine.”
Eso lo escribí hace unos días en mi teléfono celular. En la
nota digo que lo hice el 25/MAY/2013 a las 10:57pm y acabo de transcribirlo
textual y todo en un solo párrafo (como estaba, pues) porque aunque en ese momento tenía sueño,
ahora que lo leo de nuevo siento que a la final no estaba tan mal. Recuerdo que
al momento de comenzar estaba contándole a Gabriel que estaba tan aburrida que
terminaría escribiéndole una Oda a Mayo. De acuerdo, eso no fue para nada una
oda, pero estirar una palabra que para mí sólo significaba una cosa (monotonie,
porque suena mejor que monotonía) tampoco era tan sencillo.
Pero creo que no pude describir de una mejor manera lo que
mayo significó para mí. Lamentablemente, junio va por el mismo camino. Mis
profesores y compañeros dirían que es el síndrome del quinto año, otras
personas dirían que estoy mentalmente fastidiada. Yo diría que es una pequeña fracción
de la molestia que llevo conmigo misma por lo desencajado que ha sido todo
dentro de mí en estos últimos meses. Enfrascarme en pequeñas cosas ha querido
robar el placer de otras que son minúsculas y eso me ha robado parte de la
expresión (y la pasión). Entonces, me dispuse a repararlo pero no pude hallar
nada que me disgustara. Más tarde descubrí que todo se reduce a equilibrio.
Así que, he trazado algunas metas para junio:
-Leer más (aunque los libros estén carísimos).
-Escribir más.
-Escuchar más música.
-Explorar.
-Ignorar las excusas (como la de la primera meta).
-Disfrutar de lo poco.
Y espero que surta efecto. Tal vez así desaparezca la fatiga
de las clases, de exigirme demasiado a mí misma y de tratar de lograr que todo
me importe. Ah, y también consideraré encontrar pequeños placeres al mejor
estilo de Amélie. Por ejemplo, las muestras de perfumes que huelen a memorias.
Y esperaré que junio funcione o tendré que desplegar un (aun) inexistente plan B.
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