Todos
conocemos la red social, o al menos eso creo. Supera a Facebook, supera a
Twitter, y de paso tiene el poder majestuoso de jugar con tus emociones.
…Y
con tu estómago también.
Últimamente
paso mucho tiempo sola en mi casa. No he entrado a clases y los míseros restos
de las vacaciones me he dignado a pasarlos durmiendo, escuchando música,
haciendo origami, una que otra vez escribiendo, leyendo y en Tumblr. Y Tumblr
tiene poder, señores, poder del feo.
En
Tumblr encuentras de todo. Las ochenta mil casas que quieres tener, los lugares
en que quieres estar, el novio que te gustaría tener, las cosas con las que te
identificas, las cosas con las que se identifican los demás, y encuentras
comida. Y porno también, pero más importante es la comida. Al mejor estilo de
que acabas de comer, entras en Tumblr y el hambre atroz que te da no es nada
normal. Y como un zombie caminas a la cocina, abres el refrigerador, te das
cuenta de que no vas a encontrar la cosa sabrosa que viste en la imagen,
cierras el refrigerador y vuelves a caminar como zombie hasta tu cama.
Y si
Tumblr te agarra sentimental, es de lo peor. De pronto el dashboard se te llena
de imágenes y gifs de gente abrazándose, gente besándose, gente haciéndose cariñitos
y entonces miras a los lados y en lugar de encontrarte a alguien te encuentras
a un peluche. Triste realidad que cae como una cubeta de agua fría en la cara.
Aun
así por lo menos yo soy una masoquista y sigo en tumblr aunque esté infestado
de todas estas cosas que juegan conmigo, desde mi estómago hasta mis
sentimientos y mi capacidad de pensar
estoy-sola-en-el-mundo-nadie-me-quiere-voy-a-morir-sola-con-diez-pastores-alemanes.
Y el efecto se multiplica por mil cuando comienzo a escuchar cierta música que
me toca el alma (Sway – The Kooks).
Sí,
creo que me hace falta un abrazo.
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